lunes, 3 de julio de 2017

TERCERA PARTE: DANIEL


Iba destino a una ciudad en la que estuve interna en un colegio a los 10 años, solo un trimestre. 

Cuando mi madre nos abandonó a mi padre y a mí, nos fuimos a vivir con mis abuelos, pasé mi niñez muy feliz y querida por todos. A poco de cumplir nueve años falleció la abuela y un año más tarde se murió mi abuelo. Mi padre trabajaba en un banco, el único que había en el pueblo, era director, los abuelos me cuidaban, me llevaban al colegio, me daban de comer, en definitiva cuidaban con esmero de mí, cada noche todos entraba a darme un beso a mi habitación, yo los llamaba pesados, pero me gustaba. Quiso el destino que en solo un año ambos fallecieran, mi padre no podía trabajar y cuidar de mí, de modo que me matriculó interna en un colegio de una ciudad cercana, me visitaba los miércoles por la tarde y cada viernes iba a buscarme para pasar juntos el fin de semana, me dejaba el lunes temprano, yo me despedía de él llorando y creo que el también echó alguna que otra lágrima. 

Ingresé en ese colegio donde también estaba mi amiga y vecina Victoria, tras la horrible pérdida de su padre, sus abuelos decidieron internarla, eran mayores y no podían cuidar de ella, la pobre niña se conformó, era bastante conformista, además, pensaron que así no sería motivo de críticas en el colegio del pueblo donde su padre había sido el maestro que había cometido una locura. Gracias a su compañía mi estancia era más amena, nos hicimos más amigas aún, recuerdo que cuando salíamos al patio a jugar nos juntábamos, a veces, con otro niño, más mayor que nosotras, el colegio pertenecía a su familia y él tenía mucha libertad para recorrerlo. Me parecía un niño muy triste no jugaba con los de su edad, solo con nosotras, nunca supe su nombre hasta que Victoria me lo recordó, ella se quedó más tiempo que yo interna y llegó a conocerlo mejor. Mi amiga estudió allí hasta el Bachiller Superior, luego, conoció a su marido, y no quiso seguir estudiando, se casó muy joven, a su boda solo fuimos mi padre y yo como invitados y alguna vecina, la familia de su madre no asistió, cuando ella los llamó para invitarlos, su tío le dijo: -no cuentes con nosotros si no vendes la gargantilla y repartimos el dinero. Por más que la pobre dijo que no la tenía, no la creyeron, y dieron por terminada la relación.