jueves, 27 de junio de 2013

SI LA VIDA ES UNA ESCUELA , YO VOY ALGUNOS AÑOS AVANZADOS


Juan Alberto Duaso, afectado de acondroplasia, no se rinde ante los obstáculos de la vida.
Como su bicicleta naranja, Juan Alberto Duaso no pasa desapercibido. Está acostumbrado a las miradas de la gente, con curiosidad por su estatura: 1,42 metros.
Juan Alberto, estudiante de Derecho de 19 años, nació con acondroplasia, un trastorno genético que afecta a uno de cada 25.000 niños y que se caracteriza por tener una estatura pequeña y desproporcionada.
“Popularmente se conoce como enanismo”, explica. Pero a él no le gusta utilizar este término. “Tampoco me gusta que se hable de diferencia, pero no me engaño, soy diferente”, dice.
Ha pasado cinco o seis veces por el quirófano. O puede ser siete. Ya ha perdido la cuenta. La primera vez a los 7 años, para someterse al tratamiento para hacer crecer los huesos. Esto le ha obligado a llevar durante unos años hierros en las piernas y en los brazos para alargar las extremidades. Las cicatrices todavía son visibles. Hacía daño. “Era dolor físico”, dice. Pero lo explica con toda naturalidad. Ninguna queja. También han hecho daño algunos comentarios.
Cuando decía la edad no me creían. O en la calle alguna vez me han dicho alguna cosa pero al final siempre me he reído de las situaciones. También de los inconvenientes de la vida cotidiana.
“Me he tenido que adaptar a cosas que otros ya tienen”, señala. Pueden parecer nimiedades pero el entorno no está pensado para estaturas que se salen de la media: para llegar a las bandejas más altas de la nevera, tiene que subirse en una silla. Durante años, ha tenido que llevar ropa infantil o comprar bicicletas de niños. “Las bambas que yo quería, no las podía tener porque no había de mi talla”. Ahora compra los pantalones y las camisetas que le gustan y se las cortan a la medida.
No se cambiaría por nadie. Adaptarse es fundamental. “Me he tenido que ajustar a la vida pero la vida ha estado justa conmigo y me lo devuelve”. Y eso que por mucho menos, muchos ya se quejarían. Pese a su juventud, ya se ha encontrado con algunos obstáculos. “Pero eso también me ha hecho más fuerte”, dice. Un accidente de bicicleta lo obligó hace 3 años a pasar 17 días en la UCI. “A mis padres les dijeron que se preparasen para lo peor. Pensaban que estaba más muerto que vivo”, explica.
Todo esto le ha hecho madurar más deprisa. “Y fijarme en cosas que puede que no me tocaban por la edad. Si la vida es una escuela yo voy algunos cursos avanzados.”, sentencia.
Padres y amigos dicen que si se propone alguna cosa hace todo lo posible para conseguirlo. Juan Alberto no se rinde hasta que no ha probado todas las alternativas posibles. Era un adolescente cuando le hicieron todas las operaciones pero no le impidieron seguir con los estudios. Padres y profesores le dieron la opción de quedarse en casa y repetir curso si hacía falta. “Pero no me pasó por la cabeza, en casa me aburría y quería seguir con el día a día de la escuela”. Durante el tiempo que llevó los hierros (a los 7, a los 9 y a los 14 años) iba a clase en silla de ruedas y no repitió ningún curso. Cuando salía de clase iba a rehabilitación.
“He luchado toda la vida y ahora no hay quien me pare”. Sentarse a lamentarse no hace nada por él. “¿Qué si prefería no tener la enfermedad? La respuesta es que no, porque dejaría de ser el Juan Alberto. La enfermedad me ha hecho ser quien soy y estoy bien así. Es una ventaja competitiva que tengo”, dice. Por ejemplo: “Yo soy árbitro de fútbol sala, pero con el carnet de árbitro, el domingo no me dejaban acceder al campo para ver el Espanyol – Barça, pero insistí y al final pude entrar”, dice sonriendo. “Cuando a uno le dicen que no una y dos veces, se retira, pero yo no”. Con su actitud también ayuda a normalizar una enfermedad que aún puede ser objeto de burla.
Gracias al tratamiento ha crecido unos 25 centímetros y está por encima de la media , que en los hombres afectados es de 131 cm. “En teoría ya no tengo que crecer más” ¿Ha valido la pena el sacrificio? “Ahora que ya ha pasado puedo decir que sí”. En noviembre le dieron el alta en el Hospital Sant Joan de Déu. Se han acabado 12 años de tratamiento. “Fue una mezcla de alegría y tristeza”, reconoce. Dejaba la que casi era su segunda casa. Ahora continúa como miembro del Consejo de Jóvenes haciendo propuestas de mejora. Ha ido a la radio y a la televisión para explicarlo y entre todos han conseguido una aportación solidaria de Marc Gasol para habilitar una sala de recreo. Con sus historias también ha colaborado en una novela juvenil de Víctor Panicello, que está pendiente de publicación.
No tiene pareja, pero tampoco es nada que le preocupe. Ya llegará. No le gusta mucho hablar. Ni tampoco hablar del futuro. Sólo avanza que le gustaría ser diplomático. Conoce poca gente con acondroplasia. “Si he visto a alguien ha sido porque hemos coincidido en el hospital”.
No le interesan las asociaciones de enfermos. “Si necesito cualquier cosa, ya sé a dónde dirigirme”.
A su lado siempre ha tenido a sus padres y a sus amigos de Hostalets de Pierola, donde va los fines de semana: “Allí tengo los amigos de verdad”


Juan Alberto Duaso.

jueves, 13 de junio de 2013

LAS OLIVAS NO HACEN ROMANA

Un día del mes de agosto, dando un paseo por el campo en animada charla con José, me sorprendió éste con una expresión, tan infrecuente como llena de sentido común. Todo empezó así: 
  • Mal andamos este año de aceitunale dije a José, siempre parco en palabras, mientras observaba las olivas junto al camino, casi todas rígidas, sin fruto, sin color y casi sin hojas
  • Cómo estaránme respondió, resignado, mi contertulio-, que ni una sola hace romana
Y ahí fue mi sorpresa, porque, aunque es frecuente el empleo del término romana en cualquier conversación, no lo es tanto la locución hacer romana, y, menos aún, en el sentido utilizado por José. 
Luego, tras algunas consultas, averigüé que, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, hacer romana significa, además de otras cosas: ‘Equilibrar o contrapesar una cosa con otra’
Efectivamente, mi amigo acertó plenamente con su expresión. Si la oliva hubiera estado cargada de fruto, sus ramas no estarían tiesas como garrotes, sino curvadas, haciendo romana entre dos extremos: uno, la base de la rama, que haría de pilón; y el otro, el tallo, de donde penderían las aceitunas. 
Me satisfizo mucho la imagen utilizada por José. Pero no solo por su preciso significado (‘equilibrar’, ‘contrapesar’), sino por su profundo simbolismo, ya que percibo que en esta vida todo tiende, de mil maneras diferentes, a compensarse, a equilibrarse, a complementarse. 
Estoy convencido de que vivir no es más que hacer romana con nuestras vidas, que, por una parte, se muestran ansiosas por disfrutar de la existencia, y, por otra, continuamente sometidas al peso de las circunstancias. 


Francisco Martínez Calle 
Begíjar, agosto de 2012

miércoles, 12 de junio de 2013

DEDICATORIA

Antonio José, hoy es un gran día para ti y para todos los que te queremos de verdad, tu familia. 
Qué guapo está mi nieto con su traje de comunión, y qué alegría lleva en esa carita llena de ilusión. 
Va camino de la iglesia de Santiago Apóstol con sus padres que le quieren un montón. Qué orgullosos van porque llevan a su hijo para que haga su Primera Comunión. Al templo entra ya como un rayito de luz, es mi nieto que va a recibir a Jesús. Hoy es un gran día para ti, tus padres, familia y amigos que con tanto cariño te rodean. Luego recordarás tu banquete tus regalos y a tus abuelos que tanto te queremos. El amor no se compra, el amor de tus abuelos sale del corazón. 


Con mucho cariño de tu abuela Nani.